sábado

Después de un tatuaje, un esguince y un hierro clavado en el pie, sólo me queda experimentar el dolor de un parto. O de unas costillas rotas.
Dicen que la experiencia nos hace más fuertes. Supongo que depende de lo que experimentemos. Alguien me dijo una vez que el dolor tiene un límite, pasado el dolor, ya no queda más. Quizá tenga razón.
Ya sé cómo volar. A través de la superación del dolor. El dolor es efímero. Se va y luego vuelve, con una forma distinta, por causas diferentes. Cuando el dolor desaparece, me hago más fuerte.


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